Mohamed El Sayed demostró ser el maestro del giro derviche
Publicado en www.panorama.com.ve
Texto: Patricia Quiñónez

La fusión de música árabe con la fuerza del flamenco cautivó. La sensualidad, color y magia de la danza oriental ganó aplausos. Decenas de personas disfrutaron del espectáculo en las instalaciones del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez.
“La bailarina debe bailar de manera que se esté dando a sí misma un valor, que no la vean como un objeto sexual”, afirma El Sayed.
Toda la magia, misticismo y sensualidad de Egipto se hizo sentir a través del espectáculo de música y danza que el destacado artista oriental Mohamed El Sayed presentó la noche del viernes en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez.
Tan pronto la música egipcia inundó el auditorio, fue inevitable imaginarse porqué el cuento de Las mil y una noches ha logrado transmitirse —primero oralmente y después a través de la literatura— durante casi dos milenios por el pueblo árabe.
Instrumentos musicales propios del oriente lo lograron. La danza vendría sólo unos instantes después.
A las 8:00 de la noche, las decenas de personas que asistieron al antiguo mercado capitalino se dejaron cautivar por la música en vivo de los ritmos egipcios —ejecutada por integrantes de la Orquesta Sinfónica de Maracaibo— en una original fusión que integró la fuerza del flamenco.
Sobre el escenario, un logrado efecto de luces transmitió la sensación de estar viendo —al mismo tiempo— a dos bailarinas, una vestida de colores y otra cuya sombra y ritmo crecía en la pared donde se proyectaban los mosaicos característicos de las tierras orientales.
“Las coreografías árabes son todo un espectáculo. ¡Y cómo no!”, comentaba entusiasta Octavio Áñez, comerciante de 46 años, mientras disfrutaba la presentación.
Las cuatro bailarinas de Danzas del Nilo mostraron, tanto individual como colectivamente, coreografías ricas en giros, vibraciones, juegos con el cabello y sonrisas a flor de piel.
Percusión y baile
El Sayed demostró también sus cualidades como percusionista al ejecutar un solo de darbuka (tambores pequeños).
Luego de una formación musical y dancística que inició siendo un niño en El Cairo, este joven, hoy de 28 años, se interesó por explorar la riqueza del folclor egipcio.
El tener la formación del porqué un pueblo puede conservar su identidad a través de su música y baile, le ha permitido a El Sayed compartir la idiosincrasia egipcia en urbes mundiales como Madrid, Buenos Aires, Río de Janeiro, Santiago de Chile, Rabat (Marruecos), Ciudad de México y París.
Bajo la organización de la Fundación Contratiempo, la asistencia de decenas de personas —aunque no plenó el Lía Bermúdez— dio cuenta de cómo Maracaibo también es una ciudad donde el interés por espectáculos, cuyas raíces son orientales y contemporáneas, tiene seguidores.
“Me dejo llevar por el viento”, ha asegurado El Sayed al recordar que su origen humilde en la capital de Egipto, no hizo imposible que se forjara un nombre propio en la danza.
Así, y tras culminar el espectáculo, confirmó que a finales de mes impartirá clases de giro derviche o sufi en el Festival de El Cairo, el más importante evento de este tipo en el mundo, en cuanto a presentación y aprendizaje de los ritmos árabes.
Lo mejor
El momento más esperado de la noche llegó. A las 9:00 Mohamed El Sayed cerraría el espectáculo ejecutando el giro derviche; movimiento continuo realizado sobre el propio eje en la dirección del corazón.
“La música te lleva envuelto como si estuvieras en un largo viaje. Aquí no hay tiempo ni espacio. Es el anhelo de unión entre el cielo y la tierra”, lo describe el propio bailarín.
Concentración, sincronía, arte y agilidad fueron las cualidades en las que apoyó su talento.
Las miradas, expectantes, encontraron juntas fuerza y delicadeza.
“La energía que transmite el bailarín y la destreza al ejecutar las vueltas fue, sin dudas, lo mejor del espectáculo”, destacó Sandra Carruyo, comerciante marabina, de 35 años.
Así, 90 minutos llenos de misticismo, llegaron a su final.
El cuento de Las mil y una noches volvió a recrearse en la imaginación del público. Esta vez, Sherezade estuvo en Maracaibo, mientras que un sultán egipcio supo conquistarla con su danza.
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